Valiente relato de una mujer con impedimentos discriminada por el Estado

Karla Cardona

Para Prensa sin censura

Me siento en la obligación de hacer públicas mis vivencias dentro del Consejo Directivo de la Defensoría de Personas con Impedimentos, con el fin de evitar que se continúe con estas prácticas discriminatorias.

Ser parte de este Consejo Directivo responde al compromiso con nuestra población de diversidad funcional toda vez que estas funciones son voluntarias.  

Llegué a este consejo el pasado 21 de agosto de 2019 con unos grandes deseos de poder aportar a una mejor calidad de vida para las personas que componemos este sector.  Inicialmente observé que había mucho trabajo por hacer, pero el horario y los días de reunión se ajustaban a mi horario de trabajo.  Por mi diversidad funcional requiero asistencia para ingerir mis alimentos.  A través de los días el horario para laborar en la Defensoría se fue extendiendo por ende requería asistencia para ingerir mi almuerzo.

En múltiples ocasiones notifiqué la necesidad que tengo de un asistente personal. Me dicen que lo haga por escrito y que se la envíe por correo electrónico al Lcdo. Roger Iglesias (síndico) el cual nunca respondió. Cuando le pregunto al Lcdo. Iglesias, me indica que se la debo enviar al Sr. Gabriel Corchado (defensor interino). Cansado de mis comunicaciones el Corchado me deja saber que la oficina no cuenta con presupuesto para pagar un asistente personal, el cual sería por una hora más o menos. Optaron por hablar con los empleados de la Defensoría para ver quién está dispuesto hacer el favor, pero como los empleados de la agencia no tienen ningún tipo de empatía por la población de diversidad funcional sus respuestas fueron que a ellos no les pagan para eso.

Solamente una empleada tuvo la disposición para asistirme en la hora de almuerzo. Los días que ella no asistía al trabajo mi necesidad no era cubierta. En las últimas dos reuniones que sostuvimos la presidenta, que es una persona ciega, fue quien me asistió a la hora del almuerzo. Le agradezco su atención, pero reconozco que no era su responsabilidad.

No estoy dispuesta a tolerar ser discriminada por el personal de esta oficina. Actualmente donde trabajo nunca he tenido la necesidad de solicitar acomodo razonable ya que mis compañeras por empatía, respeto y compromiso se han encargado de ayudarme con mi alimentación.

Como si no fuera suficiente, actualmente existe una sindicatura en la agencia y su único interés es salvar los fondos federales, mientras tanto los servicios siguen de mal en peor. Me pregunto: ¿acaso no es el fundamento principal de esta oficina por lo cual el gobierno federal asigna millones? Pero claro el interés del Gobierno Estatal va por encima de los derechos de nuestra población.        

Por tal motivo no puedo entender cómo dentro de una oficina que supuestamente trabaja defendiendo a las personas con impedimentos me estén violentando el derecho de un asistente. Si el Consejo Directivo de esta agencia debe estar compuesto por personas con diversidad funcional lo razonable sería que hubiera un asistente ya que no se puede predecir la necesidad de la persona con diversidad funcional que formará parte de este cuerpo directivo.  

Definitivamente queda demostrado que la posición que ocupé fue solamente para cumplir con uno de los señalamientos de los incumplimientos federales. Tengo la experiencia personal de todo lo que sufre una persona con diversidad funcional y las luchas que se ve obligada a encarar para que se respeten los derechos legales que hemos adquiridos.  

Pertenezco a la organización Coalición Amplia de personas con Diversidad Funcional (CADFI) la cual defiende los derechos de las personas con diversidad funcional y hemos logrado mejorar los servicios que recibe la población y se ha ido cambiando la visión que tiene la sociedad de una persona con diversidad funcional y sobre todo en la accesibilidad para la inclusión. Esto es lo que nuestra población necesita.

Entré al consejo con el objetivo de mejorar los servicios de la agencia hacia la población, debido a que la agencia nunca ha brindado el servicio a la población como se supone y se merecen.  

Lamentablemente esto no ha ocurrido. En todo este tiempo que ocupé un espacio en el consejo lo único que se ha hecho es discutir las mismas situaciones, para nunca estar de acuerdo, quedarnos en lo mismo y no me gusta trabajar de esa manera.  

Por otra parte, no puedo seguir siendo parte de un grupo que no tiene el mismo enfoque que tengo, de lo que puede ser capaz una persona con diversidad funcional cuando se le da la oportunidad adecuada.  

Para mí pertenecer al Consejo Directivo y a la Defensoría con esa falta de empatía y deseo de ayudar a la población es estar en contra de mis principios y visión de lo que somos capaces las personas con diversidad funcional.

Creo que, si no se tiene un buen equipo de trabajo con otra perspectiva sobre lo que puede lograr una persona con diversidad funcional, la agencia jamás podrá salir de la situación en que se encuentra por décadas. Espero que esto sirva para encaminar la agencia hacia soluciones concretas y justas para la comunidad de diversidad funcional.

Karla Cardona.

 

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