Grandes maestros de la solidaridad

Roberto Torres Collazo

Para Prensa sin censura

La solidaridad es uno de los valores más entrañables que posee la especie humana. Para ser en la práctica solidarios o solidarias es como bien dice Simón Rodríguez: “Es menester ser muy sensible y tener mucho imaginación para convertir el mal ajeno en propio y compadecer, en lugar de sentir lástima”.

La solidaridad también es mucho más que unos gestos esporádicos de caridad. Ejemplo de grandes maestros y maestras de la solidaridad, entre muchos otros, fueron el periodista estadounidense Varian Fry (1907-1967), el obispo irlandés Hugh O’Flaherty (1898-1963) y actualmente médicos, enfermeras y técnicos cubanos . Esto a riesgo de sus propias vidas.

Varian Fry dirigió una red de rescate anti-nazis y judíos para ayudar a escapar de Francia entre 2,000 y 4,000 personas durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial. Incluyendo a la famosa filósofa alemana Hannah Arent, Marc Chagal, Wanda Landowska, Max Ernst entre muchos otros.

Mientras el gobierno de Estados Unidos miraba para otro lado uno de sus ciudadanos mostraba una gran solidaridad pedagógica por los refugiados en Europa. Un grupo de ciudadanos se reunió en Nueva York para hacer algo al respecto, bajo el nombre de Comité de Rescate de Emergencia. Fry, en aquel entonces editor de la Asociación de Política Exterior de Headline Books se ofreció como voluntario para viajar y brindar ayuda y asesoramientos a los refugiados antifascitas. En sus trabajos intelectuales no se limitó a denunciar, sino que arriesgó hasta su propia vida.

Hugh O’Flaherty logró esconder unos mil soldados aliados en apartamentos, granjas y conventos. Corriendo riesgos solía utilizar diferentes disfraces cuando salía fuera de las restricciones que los fascistas habían impuesto en las afueras del Vaticano. Riesgos inspirados sólo en su fe en Cristo. O’ Flaherty consiguió ayuda de comunistas, de otros sacerdotes, de dos agentes que trabajaban para Francia Libre y de un conde suizo. Incluso hay una película que retrata bastante fiel su vida, “Escarlata y Negro” protagonizada por Gregory Peck.

Otro destacado ejemplo de solidaridad es Cuba, con su extensa historia. Cuando la lucha de independencia de Argelia, en 1963 envió 50 doctores a apoyar a los pocos médicos que permanecieron en la nación africana después de la partida de los franceses. Cuba fue uno de los que jugó un papel clave en el fin del apartheid en Sudáfrica. Siempre se ha hecho solidario en los foros internacionales por la libertad de Puerto Rico. En 1998 enviaron 100 profesionales a ayudar a Haití, Guatemala y Honduras que fueron golpeados por los huracanes Mitch y George. En el 2006 la brigada Henry Reeve instaló 20 hospitales en Bolivia destruida por las inundaciones. En el 2014 cuando el brote del ébola en África occidental después de una capacitación en la La Habana, 256 profesionales de la salud fueron a trabajar a Sierra Leona, Liberia y Guinea a pedido de la Organización Mundial de la Salud.

En Brasil, durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y el gobierno de Hugo Chávez Frías en Venezuela, en ambas naciones las Batas Blancas fueron a lugares muy apartados donde casi nunca llegaban doctores. Sólo pagan los países que pueden, por ejemplo, miles de niños y niñas de Chernobyl continúan recibiendo tratamiento gratuito en el hospital Tarará, de un programa lanzado poco después del desastre nuclear.

Cuba durante esta pandemia en abril envió 15 brigadas médicas de otros 600 profesionales de la salud a Surinam, Belice, Jamaica, Granada, Antigua y Bermuda, Santa Lucía, San Cristobal y Nieves, las Granadinas, Dominica, Haití y otros.

Los médicos cubanos, a pesar de su pueblo sufrir un bloqueo criminal de más de sesenta años por parte de Estados Unidos y ser objectos de todo tipo de difamaciones por parte de algunos medios internacionales de comunicación, ahora se ha comenzado a reconocer con mayor fuerza su solidaridad en el escenario mundial, incluso son candidatos al Premio Nobel de la Paz.

En el contexto de los grandes maestros y maestras antes mencionados, una definición de solidaridad podría ser llevar a cabo acciones que benefician a grupos, sectores o pueblos vulnerables más allá de las fronteras, sin esperar nada a cambio, unido a la justicia, la generosidad y la compasión. Al desconectarnos de nosotros mismos por un instante y dejar de creernos el centro del universo nos permite integrarnos al resto del Cosmos y dar una parte nuestra al universo. Salimos de nuestro aislamiento y encerramiento interno. Nos hace menos individualistas. Nos hace mas humanos y nos une más a la amistad social fraterna mundial de la que nos habla el papa Francisco en su reciente carta encíclica Fratelli Tutti.

Podríamos aplicarle a los grandes maestros y maestras de la solidaridad aquellas palabras de José Martí: “El mejor modo de decir, es hacer”.

Varian Fry, periodista distinguido por su espíritu solidario.

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